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jueves, 10 de septiembre de 2009

Noche de fruición estética-vanguardista

El sábado pasado asistí con Nas a una de la presentaciones que se ofrecieron, en el marco de la Cuarta Noche de Teatro, en el Centro Cultural Universitario de la UNAM. La obra que presenciamos, A breaking down and a multiplication of tissue, es una propuesta para la deconstrucción de cinco de las bellas artes: teatro, poesía, danza, música y cine. Dicha deconstrucción pretende explorar, más allá de la significación cotidiana, la conjunción de diferentes perspectivas sobre la experiencia estética. La puesta en escena no esta cimentada sobre el diálogo, ni sobre una historia, sino que se plantea como un manifestación que no debe entenderse, sino sentirse; la obra redime el aspecto sensitivo-subjetivo del arte y deja de lado el aspecto racional-objetivo.

El gran eje sobre el que gira la acción de la puesta en escena (dejaré de la lado el término "obra de teatro" porque limita los alcances y propuestas de la presentación), es la performance de una bailarina que, a lo largo de toda la obra, representará lo lúdico: el movimiento de vaivén que no aspira a fin alguno; los movimientos de danza serán el marco en el cual se insertan videos proyectados en pantallas, pantallas de diferentes tamaños que están en movimiento y que nos recuerdan lo fragmentario de la "visión" humana; también durante esas pausas se presentan hombres que nos recuerdan lo cotidiano jugando al futbol, que realizan tareas de empleados de intendencia, y que, como un espejo de los movimientos de la bailarina nos hacen reflexionar sobre la dialógica entro lo cotidiano-utilitario y lo trascendente-estético. En las pausas de la performance dancística, se presentan también poemas que retoman los postulados de la escritura automática y de la poesis tristantzariana; dichos poemas aparecen proyectados o recitados por un músico, lo cual nos lleva un aspecto bastante intersante de la puesta en escena: la música.

La música, en A breaking down and a multiplication of tissue, tiene dos funciones: cuando el músico en escena usa su guitarra para musicalizar los versos que declama y que se proyectan en el escenario, reconcilia a la poesía con su antigua hermana, como en el tiempo de los aedos, como en la era de juglares y trovadores; pero por otro lado, la música electrónica (intrepretada en directo), con sus loops repetitivos, se enlaza directamente con la propuesta de vaivén y juego de los movimientos de la bailarina...



¡naaaaaaah!


La verdad es que el sábado pasado tuve de oportunidad de presenciar, en el teatro Juan Ruíz de Alarcón, la expresión máxima del kitsch. Como decía, Nas y yo fuimos a la Cuarta Noche de Teatro, un evento que consistía en doce horas (de las 19:00 hrs del sábado a las 7:00 hrs del domingo) de teatro, música, proyecciónes y conferencias. Sonaba bastante tentador pasar toda la noche cultivando el espíritu, pero Nas había estaba un poco cansada por haber trabajado toda la mañana y yo debía laborar el domingo a primera hora, de modo que decidimos asistir sólo al primer montaje y quedarnos al primer concierto. La primera obra fue, como ya señalé en los párrafos crítico-vanguardistas que abren esta entrada, A breaking down and a multiplication of tissue; por el título, pensamos que la obra sería basada en un texto en inglés y entramos con la expectación de ver un montaje en una lengua extranjera (con todas las dificultades que eso representa).

Nos acomodamos en nuestro asiento y mientras empezaba la función me dediqué a hojear despreocupadamente el programa; sin embargo, cuando leí en la reseña de la obra: "
No hay que buscar entender. Hace falta más bien dejarse ir, perderse y gozar", empezé a sospechar que nos ibamos a enfrentar a algún engendro pretenciovanguardiexperimental, pero decidí evitar prejuicios, presenciar la puesta y guardarme los juicios para el final.

Desde que entramos al teatro, la ya mencionada bailarina caminaba en círculos sobre una pequeña plataforma cuadrada; cuando la última llamada fue voceada, la plataforma y la bailarina salieron del escenario mientras ésta comía un platano; dos pantallas descendieron y dos tipos jugaron con un balón de futbol mientras se proyectaba un video sobre unas niñas indias. Después música electrónica y unos "poemas" proyectados sobre el fondo del escenario. Nuevamente la bailarina y una señora vestida como empleada de intendencia que empujaba un mueble de donde colgaban vestidos, algunos movimientos de la bailarina cuando de pronto se vació encima un balde de agua. Mientras dos hombres aparecen para limpiar el agua derramada, vuelven a aparecer pantallas y se proyecta un video sobre una niña oriental que se baña en una tina. Más movimientos de la bailarina y de pronto un músico con una jarana que comienza a declamar poemas, nuevamente la pantallas y
una señora vestida como empleada de intendencia que empujaba un mueble de donde colgaban vestidos; algunos movimientos de la bailarina y de pronto caen chorros de agua desde arriba del escenario; movimientos de la bailarina y mientras dos hombres aparecen para limpiar el agua derramada, un músico con una jarana que comieza a declamar poemas, después música electrónica y unos "poemas" proyectados sobre el fondo del escenario, al final a plataforma y la bailarina salieron la escenario mientras ésta comía un platano, la ya mencionada bailarina caminaba en círculos sobre la pequeña plataforma cuadradada.

Cualquiera que lea el párrafo anterior se dará cuenta que la mitad de éste son sólo una cuantas oraciones repetidas varias veces, sin coherencia, cohesión o sentido; y sin embargo, describe a la perfección lo que vimos esa noche en el Juan Ruíz de Alarcón. Como ya señalé en una entrada anterior, pareceré un tipo anácronico y tradicionalista, pero creo que el montaje que vi ese día no fue más que un montón de actos sin ninguna relación y con mucha pretensión. Y es que, -por lo menos desde mi punto de vista- el objeto artístico, es un mensaje, cuya función (según Jakobson) se orienta a sí mismo (el arte por el arte) y que puede (debe) ser decodificado distintos niveles. El objeto artístico es un texto (en el sentido etimológico de la palabra), un tejido de signos (icónicos, sonoros, visuales, etc) que tienen una relación interdependiente y que a su vez establecen relaciones con otros signos exteriores a ese texto-objeto-artístico.

Uno de los aspectos que (creo) hace del arte algo trascendental es su capacidad, en tanto texto, de generar múltiples y nuevos significados; un "clásico" en el arte es tal, porque a pesar del tiempo, puede
ser objeto de nuevas interpretaciones, gracias al entramado de signos que le dan forma (tanto de forma inmanente como extra-textual). Por lo tanto, creo que una obra que se vende declarando sobre sí misma "No hay que buscar entender" no es más que una vacilada. ¿Cómo calificar el trabajo de los actores si lo único que hicieron fue patear una pelota, caminar con una grabadora en la mano y usar un trapeador?, ¿un diyéi puede crear música "en directo"?, ¿cúal es el significado de un montón de "poemas" que no son sino un montón de palabras unidas mediante un generador automático de textos (o lo que es lo mismo al azar)?

En un momento de la obra, la bailarina bajó del escenario y empezó a gatear entre las butacas, en medio del público. Cuando la obra terminó, Nas me comentó, "lo de la bailarina entre el público fue el colmo, como si para acabar de ser bien transgresores tuvieran tambien que romper la cuarta pared", cuando me dijo eso sólo me vino una palabra a la cabeza: kitsch. Y es que lo vimos no fue más que un clarísimo ejemplo de lo que Umberto Eco define como kitsch: la creación del efecto fácil, el objeto que se asume como artístico y no es más que la suma de "lugares comunes del arte" (que Eco define como estilemas); la finalidad de los objetos kitsch es ofrecer el caché de la fruición estética, pero sin el esfuerzo que conlleva la apreciación, reflexión e interpretación del objeto artístico, en otras palabras vil pre-ten-sión. La obra que vimos, al renunciar desde su génesis a ser "entendida", en aras de venderse como un "montaje experimental", se convirtió en algo kitsch. Y no es que el consumo impresionista y gastronómico de la obra de arte no sea algo válido, como ya señalé, el arte -en tanto mensaje- puede ser decodificado a distintos niveles, el problema es cuando la obra de arte se presenta como decodificable a un sólo nivel, por cierto el más bajo e irreflexivo.

No encuentro mejor forma de cerrar esta entrada que con este boceto, cortesía de Lutsek de Filosofía de la Ducha, que ilustra a la perfección lo mi opinión sobre la relación entre el arte tradicional y gran parte del arte contemporáneo.



Por cierto, después de lo que vimos en la obra decídimos desistir del concierto, que también se ofrecía como música "experimental". Total, si deseo escuchar algo "bien experimental", tengo el Song X de Ornette Coleman y Pat Metheny...









jueves, 20 de agosto de 2009

Entomofilia



Los artrópodos me fascinan. Desde hace tiempo siento una curiosa atracción por ese mundo en miniatura que nos rodea. Un mundo diametralmente diferente al de nuestra cotidianeidad. Un mundo que nos podría parecer monstruoso: algunas clases de avispa inyectan sus huevecillos en el cuerpo de orugas, cuando los huevecillos eclosionan devoran desde dentro a la oruga hasta que, al terminarse el alimento, salen mordiendo las paredes del cuerpo de la oruga, dejando a la larva como un simple envoltorio vacío. Es tanta la fascinación que despierta esta costumbre de reproducción, que es la forma de reproducción de uno de los monstruos más emblemáticos del cine: los Aliens, creados por la mente de H.R. Giger.

Y sin embargo, esta forma de reproducción no es tan horrible como parece; los insectos, al no poseer un sistema nervioso centralizado (como los vertebrados), no sienten dolor tal como nosotros los sentimos; para la naturaleza resulta poco práctico dotar a un ser tan minúsculo con un sentido del tacto como el nuestro, por lo tanto, la oruga jamás se da cuenta de que esta siendo devorada desde dentro. Ese mismo sistema nervioso, le permite a una mantis macho continuar con sus movimientos copulatorios una vez que la hembra ha devorado su cabeza, de hecho hay estudios que afirman que al devorar la hembra la cabeza del macho, se activan ciertos receptores que permiten que los movimientos del macho sean más efectivos (al pensarlo en terminos humanos resulta bastante cómico, pero así es).

Lo anterior nos lleva a otra diferencia abismal del mundo de los insectos frente al nuestro: la importancia de la especie sobre el individuo. Es claro que los seres humanos pueden sacrificarse en aras de sus seres cercanos, una madre con un parto dificil renunciará a su vida si mediante esa renuncia asegura la vida de su hijo, muchas especies de vertebrados harán lo mismo, por simple instinto; pero en el mundo de los insectos esto se lleva a las últimas consecuencias. Las abejas defienden con su vida a su enjambre, su aguijón está unido a su sistema digestivo, de modo que cuando pican, el aguijón se queda en el agresor con todo y sus órganos, lo que causa la muerte del insecto; una araña que no pueda conseguir presas para sus futuras crías, hara un sacrificio supremo: se envolverá a sí misma para que cuando los huevecillos eclosionen, las minúsculas arañas tengan alimento asegurado y se pueda desarrollar; cuando nazcan, las crías devorarán a la madre sin ningún remordimiento. Los insectos que se agrupan en colonias (hormigas, termitas, abejas) no practican nada remotamente parecido al individualismo del hombre.

Los ciclos de vida de los insectos también son bastante diferentes a los nuestros; las efímeras, por ejemplo, son una especie que al llegar a su etapa adulta, emergen de su crisálida tan sólo para aparearse; no poseen boca ni sistema digestivo, por lo cual no pueden alimentarse y sólo cuentan con una pequeña reserva de energía que les permite volar para buscar compañero, aparearse y después morir. Estos insectos tienen tan sólo un día de vida como adultos y buscarán deseperadamente la forma de perpetuar su especie, muchos fracasarán y morirán sin lograr transmitir sus genes a la siguiente generación.

Por otra parte, resulta intrigante la forma en que su sistema nervioso les permite interactuar con el mundo, son tan pequeños que están practicamente "programados" para reaccionar de forma automática a los estímulos que le ofrece el exterior. La ciencia esta sumanente interesada en estudiar el cerebro de los artrópodos, pues comprenderlos les permitiría crear robots que puedan desenvolverse en ambientes impredecibles con sólo unas pocas y simples órdenes, tal como los insectos lo hacen. No es gratuito que muchos de los diseños experimentales de robots autómatas parezcan insectos.

Finalmente, el mundo de los artrópodos nos enfrenta a cuestiones filosóficas bastante complicadas, sobretodo aquellas que tienen que ver con el valor de la Vida. Cualquiera estará de acuerdo en que herir, mutilar o matar a un perro, gato o animal salvaje sin justificación es una acto cruel e inhumano; cuando un animal salvaje (un oso, zorro o mapache) invade el habitat humano se cree que lo más adecuado es tratar de reubicarlo; sólo se sacrificará en casos extremos. ¿Pero qué sucede con las arañas, mosquitos o escarabajos? ¿Acaso la vida de un saltamontes no tiene valor y podemos mutilarlo sin remordiento alguno? Si medimos el valor de un ser vivo a partir de su tamaño, resultaría que la vida de un elefante vale más que la vida de cualquier ser humano; si lo hacemos respecto a su cantidad, nos obligaría a aceptar que mantener el habitat de muchas especies en peligro de extinción tiene más importancia que proveer de servicios básicos a comunidades enteras de seres humanos.

Recuerdo el reciente escándalo que hizo PETA por la mosca que mato el presidente del los EUA durante una entrevista. Cualquiera coincidirá en que fue un hecho insignificante (yo mismo pienso que la reacción de PETA fue exagerada), pero me queda la duda sobre si la importancia de la vida de cualquier ser se define mediante el tamaño o número, o si se define por poseer un endoesqueleto o sistema nervioso central. No lo sé, pero mientras tanto, no deja de maravillarme ese pequeño mundo en el que no casi reparamos.

Por cierto, ¿saben que en sus pestañas habitan un montón de pequeños ácaros que se alimentan de las células muertas de los folículos pilosos? Fox Mulder seguramente diría: no estamos solos.

Imagen tomada de http://www.visions-of-science.co.uk/win-07.html



martes, 7 de julio de 2009

He de confesar...

Todos deben saberlo, mis manos te han maltratado. No puedo, ni quiero negarlo; soy consciente de que muchos se escandalizarán, y sin embargo, no tengo problema alguno en hacerles saber que te he dejado mis marcas sobre la dermis. Muchas de esas marcas pueden ser removidas, aunque te dejarán cicatrices; otras en cambio, han sido trazadas tan profundamente que para desparecerlas tendrías que sufrir horribles mutilaciones, esas marcas permaneceran contigo hasta el fin de tus días.

No eres la primera, ni tapoco serás la última. No es tu culpa claro, no puedo mentir. Sólo yo soy responsable, el daño que te he hecho ha sido debido a mis incapacidades, no a las tuyas. A muchos les horrorizará, pero creo que no hay otra forma para que podamos hablar, la única manera que existe para dialogar contigo es hacerte esas heridas, que son ya parte inseparable de tí. Paradójicamente, sólo dejándote esas señales podrán permanecer en mí esas palabras, imágenes, ideas y pensamientos que me has compartido al estar juntos.

No, no confundas las cosas, no lo hago para que el siguiente con el que estés te menosprecie al ver lo que te he hecho, no lo hago para obligarte a estar sólo conmigo. Yo mismo no tengo problema alguno cuando me encuentro con alguien que tiene marcas similares a las que dejado en tí; si antes de llegar a mí hubieras sufrido con otro lo que has sufrido conmigo, hubiese sentido -más que envidia o celos-, una especie de curiosidad voyeurista; me encantaría ver las huellas, los signos inborrables de que hubo otro a quien le regalaste -como a mí-, las palabras, imágenes, ideas y pensamientos que habitan en tí, me parecería fascinante hurgar en tus cicatrices y reflexionar sobre lo que ese otro pensó, sintió e imaginó estando contigo.

Pero ese no es el caso, llegaste a mí sin mácula alguna y, cuando yo ya no esté, se quedará en tí la señal de que estuviste conmigo. Debes saberlo: a algunos no les gustará tu aspecto, muchos fruncirán el ceño al verte; pero puedes tener la seguridad de que nada de lo que te pase a mi lado te cambiará, serás siempre la misma; a pesar de todo lo que te pueda hacer, tu esencia no mudará. Yo en cambio, me transformaré; nada será igual para mí después de haber compartido estos momentos contigo, esas marcas que te he hecho me marcarán a mi también, me permitirán reconocer tu esencia, recordar el tiempo juntos cuando, después de alejarnos por un tiempo, vuelvas a mí. Porque volverás, tenlo por seguro.

No quiero parecer cínico, pero estoy seguro que hay otros como yo; otros que, de estar contigo, te harían lo mismo que yo te he hecho. Pero también estoy consciente de que hay otros que censurarán mis actos, que piensan que lo que hago es una costumbre bárbara y deleznable. Como sea, no tengo reparo alguno en aceptarlo ante tí y ante todos: lo he hecho en tí, lo hice en otras antes y lo haré en otras después... he de confesar que suelo subrayar, marcar y hacer anotaciones sobre las páginas de algunos de mis libros.





lunes, 15 de junio de 2009

Duchamp está sobrevalorado




Creo que la tendencia de gran parte del arte contemporáneo a "descontextualizar" los objetos o signos (icónicos, verbales o sonoros) para crear mensajes estéticos nuevos se ha convertido en un lugar común. No puedo negar el valor que tuvo en su momento la Fuente de Duchamp como un cuestionamiento sobre la naturaleza de lo artístico, como una crítica al esnobismo y superficialidad del mercado del arte, y como un replanteamiento de los valores estéticos de la época. Sin embargo creo también, que no es posible negar que a raíz de los movimientos artísticos de vanguardia del siglo pasado, el arte en muchos casos se ha convertido en una mero ejercicio (y/o competencia) de ocurrencias "subversivas", "novedosas" o "transgresoras".

Recuerdo que, durante mi fallido y único trimestre en la licenciatura en diseño gráfico, tomé clase con un profesor que además de artista, era admirador de Duchamp y de Christo (el artista búlgaro, no el hijo del dios). Cuando alguien, en una clase, le cuestionó sobre el valor estético de poner un mingitorio de cabeza o de envolver el edificio del Reichstag en tela, el profesor, viendo atacados sus más veneradas influencias artísticas contestó con notable molestia:

-Sí, tal vez voltear un baño o envolver un edificio no requieran la técnica de Rembrandt, Miguel Ángel o Fidias; pero aquí la cuestión no es el objeto, el producto, sino el proceso creativo detrás de éste. No es cuestión de técnica, es cuestión de innovación, de concebir algo nuevo. ¡Concíbanlo!

La verdad es que ese argumento jamás me convenció. El afan de innovación en el arte no es más que un valor relativo a esta época; durante el Renacimiento, -por ejemplo- se creía que sólo se podía alcanzar la perfección al imitar a los modelos clásicos (la doctrina de imitatio auctoris). Además, escudarse en un supuesto "proceso artístico" no es más que una treta, pues de ese modo siempre se podrá argumentar que una obra tiene -a pesar de su pobreza- más significaciones de las que aparenta. Reconozco mis limitaciones y aún no me creo capaz -y no se si algún día lo seré- de definir la naturaleza y el objeto del arte (salvo el tautológico ser bello), pero tengo serias dudas sobre si innovar y descontextualizar son características per se de la obra artística... O tal vez sólo soy un tipo anacrónico y tradicionalista, incapaz de comprender las profundas complejidades de trazar dos rayitas negras y una amarilla sobre un lienzo café de dos metros de altura.






...Aunque por otro lado, seguir las ideas de Duchamp podrían convertirme fácilmente en un artista vanguardista de la palabra. Propongo trasladar los postulados estéticos de la Fuente al ámbito literario, y que los siguientes textos sean publicados, tal como aparecen aquí, por Cátedra, Siruela o Castalia. Con edición crítica (por supuesto) a cargo del doctor Antonio Alatorre


¡Contemplad la obra de la mente maestra que pudo unir a Tristan Tzara
y a Marcel Duchamp!
¡Contempladla! y después no podreis evitar sufrir el Síndrome de Stendhal...









...o por lo menos el síndrome del intestino irritado.



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viernes, 1 de mayo de 2009

El Decamerón, Región 4


[Edición comentada]

Digo, pues, que ya habían los años de la fructífera [¡ja!] Transición [¡jajaja!] Democrática [---el autor se acaba de orinar de tanto reir---] llegado al número de nueve cuando a la egregia ciudad DeFlorencia, polutísima comparada con todas las ciudades de Italia [por supuesto –diría el cosmopolita- ¿Cómo comparar el 1er y el 3er Mundo?], llegó la mortífera peste que o por obra de los cuerpos superiores [o inferiores, según el tamaño del chancho y de la persona con la que se compara] o por nuestras acciones inicuas [recordad la prohibición de monseñor Norberto Rivera de ingerir carnitas durante la Semana Mayor] fue enviada sobre los mortales por la justa ira de Dios [y por la ambición de Sanofi-Pasteur] para nuestra corrección, que había comenzado algunos días antes en las partes orientales [específicamente en una granja ubicada en Perote, Veracruz] privándolas de gran cantidad de vivientes [y malvivientes, que la peste se lleva tanto ciudadanos ejemplares como lacras sociales] y, continuándose sin descanso de un lugar en otro, se había extendido miserablemente a Occidente. Y no valiendo contra ella ningún saber ni providencia humana (como la limpieza de la ciudad de muchas inmundicias [léase estudiantes] ordenada por los encargados ello y la prohibición a todos los enfermos [y no enfermos] de comer fuera y los muchos consejos dados para conservar la salubridad), ni valiendo tampoco las humildes súplicas dirigidas a Dios por las personas devotas [y dirigidas a las farmacéuticas por aquellos más realistas] no una vez, sino muchas ordenadas en procesiones o de otras maneras [¿aquelarres? ¿sacrificios humanos a Huichilobos?], casi al principio de la primavera empezó horriblemente y en asombrosa manera a mostrar sus dolorosos efectos.



Y no era como en Oriente, donde a quien salían mucosidades por la nariz le era manifiesto signo de muerte inevitable, sino que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o cerca de las axilas ciertas hinchazones [el proceso se denomina PU-BER-TAD] que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo [dependiendo del sexo], y algunas más y algunas menos, que eran llamadas bubas por el pueblo [el pueblo siempre con sus eufemismos, yo les digo simplemente, tetas]. Y de las dos dichas partes del cuerpo, en poco espacio de tiempo empezó la pestífera buba [las lesbianas y los hombres heterosexuales generalmente no las consideramos "pestíferas"] a extenderse cualquiera de sus partes indiferentemente [eso sí no nos gusta], e inmediatamente comenzó la calidad de dicha enfermedad a cambiar en manchas negras [pero si fueran güeritas ni protestaban, ¿verdad?] o lívidas [OK, me retracto de mis comentarios susceptibles y victimistas] que aparecían a muchos en los brazos y por los muslos y en cualquier parte del cuerpo, a unos grandes y raras y a otros menudas y abundantes [y yo que creía que venían por pares].



Y así como la buba había sido y seguía siendo indicio certísimo de muerte futura [eso si que es una imagen pachequísima: la madre lactante como augurio de que desde le nacimiento tenemos firmado un pacto con la muerte… ¡hsssst! ¡güeeeeeey!], lo mismo eran éstas a quienes les sobrevivían. Y para curar tal enfermedad no parecía que valiese ni aprovechase consejo de médico o virtud de medicina alguna [¿no leyeron que el virus AH1N1 es una nueva mutación nunca antes vista?]; así, o porque la naturaleza del mal no lo sufriese o porque la ignorancia de quienes lo medicaban no supiesen por qué era movido y por consiguiente no tomase el debido remedio, no solamente eran pocos los que curaban [aunque el secretario de Salud diga lo contario] sino que casi todos antes del tercer día de la aparición de las señales antes dichas, morían.



Y esta pestilencia tuvo mayor fuerza porque de los que estaban enfermos de ella se abalanzaban sobre los sanos con quienes se comunicaban, no de otro modo como hace el fuego sobre las cosas secas y engrasadas cuando se le avecinan mucho [otra forma de verlo es que los enfermos querían que los sanos disfrutaran también de los amorosos cuidados y atenciones de una enfermera malencarada y malhumorada]. Y más allá llegó el mal: que no solamente el hablar y tratar con los enfermos daba a los sanos enfermedad o motivo de muerte común, sino también tocar los paños o cualquier otra cosa que hubiera sido tocado o usada por aquellos enfermos [por eso la recomendación de lavarse las manos frecuentemente]. Y asombroso es escuchar lo que debo decir, que si por los ojos míos propios [y se quejan del "oríllese a la orilla" y del "suba para arriba"] no hubiese sido visto, apenas me atrevería a creerlo, digo que, estando los despojos de un pobre hombre muerto de tal enfermedad arrojados en la vía pública y, tropezando con ellos dos puercos y, como según su costumbre se agarrasen y le tirasen al hombre de las mejillas [ojo por ojo y... buche y nenepil por buche y nenepil], un momento más tarde, tras algunas contorsiones y como si hubieran tomado veneno, ambos a dos cayeron muertos en tierra sobre los maltratados despojos [¡vaya! ¿quién pensaría que los taquitos de homo sapiens sapiens le causan empacho a los marranitos?]. De tales cosas, y de bastantes más semejantes a éstas y mayores, nacieron miedos diversos e imaginaciones en los que quedaban vivos [¿alguien dijo teorías de conspiración?], y casi todos se inclinaban a un remedio muy cruel como era esquivar y huir a los enfermos y a sus cosas [¿crueldad? no es más que simple precaución]; y haciéndolo cada uno creía que conseguía la salud para si mismo.


Y había unos que pensaban que vivir moderadamente y guardarse de todo lo superfluo [algunos le llamamos pobreza extrema] debía ofrecer gran resistencia al dicho accidente y, reunida su compañía, vivían separados de todos los demás. Otros, inclinados a la opinión contraria, afirmaban que la medicina certísima para tanto mal era el beber mucho y el gozar y andar cantando de paseo y divirtiéndose y satisfacer el apetito con todo aquellos que se pudiese [algunos les llamamos también cerdos-capitalistas-burgueses-hedonistas]. Y en tan gran aflicción y miseria de nuestra ciudad estaba la reverenda [pendeja] autoridad de las leyes, de las divinas como de las humanas, toda caída y desecha por sus ministros y ejecutores que, como los otros hombres, estaban enfermos o muertos [se vale soñaaaar…]. Muchos otros observaban, entre las dos dichas más arriba, una vía intemedia ni restringiéndose en las viandas como en los primeros ni alargándose en el beber y en los otros libertinajes tanto como los segundos, sino suficientemente, según su apetito [según Dante, los lugares mas calientes del infierno están reservados para los indecisos y para los vacilantes, asi que deciden... o deciden].


Algunos eran de sentimientos más crueles [yo diría prácticos] diciendo que ninguna medicina era mejor ni tan buena contra la peste como huir de ella; y movidos por este argumento, no cuidando de nada sino de si mismos, muchos hombres y mujeres abandonaron la propia ciudad, las propias casa, sus posesiones y sus parientes y sus cosas [¿escuché acaso Acapulcazo?], y buscaron las ajenas, o al menos el campo. Si yo pudiera contar todo lo que mis ojos presenciaron, ¿oh cuántos memorables linajes, cuántas famosas riquezas se vieron quedar sin sucesor legítimo [aquí viene Marcelo y su Ley de Extinción de Dominio]. Cuántos valerosos hombres, cuántas hermosas mujeres [creo escuchar los animados pasos de un necrofílico], cuántos jóvenes gallardos a quienes no otros que Galeno, Hipócrates o Esculapio hubiesen juzgado sanísimos, desayunaron con sus parientes y amigos, y llegada la tarde cenaron con sus antepasados en el otro mundo.

Finalmente, otros decidieron que la mejor solución eran el enclaustramiento, y se preparon para vivir en el ostracismo hasta que la peste cediera [o hasta que se terminaran las maruchan, lo que sucediera primero] y, pensando que lo mejor forma para matar el tiempo sería [sin contar claro, saludarlo de mano o de beso] contando una historia, se decidió que cada nueva jornada uno de los enclaustrados compartiría un texto con los demas. La peste cedió [o eso dice el Secretario de Salud] antes de la siguiente luna, pero los que se decidieron por el encierro, estuvieron tan a gusto que se quedaron contando, recitando y escuchando, cien días con sus noches, de modo que cien historias fueron contadas en aquellos días en que la peste azotó la ciudad.



El testimonio de los cien textos creados durante aquellos días está AQUÍ




Funes el Melodioso

Memoria es -según definición lexicográfica-, la facultad psíquica por medio de la cual recordamos lo ya sucedido. Usualmente se cree que existe una oposición entre aquello se memoriza y aquello que se olvida pero, como señala Tzvetan Todorov [¡oh! ¡gran sensei!], la oposición se presenta no entre memoria y olvido, sino entre conservación y supresión. La memoria es el resultado de la dialéctica entre aquello que se conserva y aquello que se suprime; memoria consiste en seleccionar fragmentos del continuum del pasado, en detrimento de otros fragmentos que se dejan de lado, que se olvidan.


Del anterior razonamiento surge una conclusión que parecerá perogrullada o lugar común: para poder recordar, es necesario olvidar. Sin embargo, esta conclusión no es de ninguna forma una verdad de perogrullo: una dialéctica similar es la que nos permite comunicarnos; la lengua es una sistema que fragmenta –al igual que la dialéctica conservación-supresión- el continuum de la realidad; de entre esos fragmentos, elige aquellos que considera relevantes (pertinentes según la terminología lingüística) en detrimento que aquellos irrelevantes (no pertinentes); Después, los fragmentos pertinentes se organizan en un sistema (lengua), el cual permite la comunicación con los otros.


La misma dialéctica se presenta con los sentidos y con aquello que denominamos realidad (considerando realidad como contravoluntad, como todo aquello que se opone a mí y a mi existir). Nuestro desarrollo y evolución en cuanto especie fue eligiendo, a lo largo de millones de años, aquellas sensaciones que consideraba pertinentes para nuestra supervivencia como especie; nuestros sentidos se perfeccionaron para percibir ciertos olores, colores, sabores, sonidos y sensaciones que eran importantes, frente a otras sensaciones, sonidos, sabores, colores y olores que eran irrelevantes.


Si no fuésemos capaces de seleccionar y ordenar los fragmentos a conservar y los fragmentos a suprimir del todo-continuo que nos rodea, la existencia nos resultaría prácticamente imposible. Así sucede con Ireneo Funes, a quien la existencia le resulta molesta: para Ireneo resulta absurdo que la palabra perro pueda aplicarse a todos los seres que pertenecen al género canis y a la especie lupus famliaris. Para Funes cada perro es único e irrepetible; más aún, un perro visto de frente y el mismo perro visto de perfil no pueden para Funes ser el mismo ni tener el mismo nombre, pues cada imagen del perro se mantiene aislada y pura, ninguno de los recuerdos se puede sumprimir, asimilar o asociar otro, Funes carece de la capacidad de generalizar y relacionar las imágenes y conceptos que tiene en la cabeza; cada una es única e irrepetible. Por lo tanto Ireneo no tiene la capacidad de razonar, pues "pensar es olvidar diferencias, generalizar, abstraer"*.


Lo mismo le sucede a Frank Cotton, personaje del texto The Hellbound Heart (Adaptado al cine como la famosa película Hellraiser). Frank, buscando experimentar los máximos placeres posibles, invoca a unos seres denominados Cenobitas, los cuáles cumplen su deseo. Pero Frank se dará cuenta de que sentir todo no acarrea placeres sino dolor: la más suave corriente de aire, el más leve olor o el más ténue color son prácticamente insoportables. Cotton siente todo lo que le rodea, pero la sensaciones le llegan como un golpe que le hiere, el simple latido de su corazón es una agitación violenta dentro de su cuerpo; al estar totalmente abierto a la sensaciones, Frank se da cuenta de que placer extremo y dolor extremo son prácticamente lo mismo, son también un continuum.



Algo parecido le ocurre a cualquier melómano al enfrentarse a toda la oferta que ofrecen los blogs para descargar música. Hasta antes de que se pudiesen descargar álbumes completos desde internet, la oferta musical se limitaba a la que las tiendas de discos y comerciantes informales podían ofrecer; cuando algún conocido llegaba con un disco raro era lo máximo. Poseer cierta grabación difícil de conseguir era un gran mérito para cualquier melómano. Hoy en día, la oferta musical es ilimitada, con una simple computadora y acceso a la red se tiene acceso a cualquier disco de cualquier parte del mundo (generalmente sin costo alguno, si la descarga se realiza desde blogger, wordpress o livejournal), ya casi nadie puede presumir de tener un disco imposible de conseguir; la época en que una grabación casera en casette tenía un valor mayor que muchos discos originales ha quedado atrás. Cualquiera puede bajar el disco más raro del músico más subterráneo con la misma facilidad que puede ir a cualquier tienda a comprar un paquete de chicles**.


Podría pensarse que esta situación le haría sentir a cualquier melómano que está en los mismísimos campos elíseos, pero la situación no es del todo así. La oferta musical en internet es tan amplia que resulta difícil elegir qué se desea descargar y, de todo lo que se puede descargar, aún hay que darse suficiente tiempo para escuchar y degustar con atención cada disco que se baja. Entrar a un blog de descargas y enfrentarse con toda la música de la que uno puede hacerse resulta algo abrumador. Cualquier melómano quisiera bajarse todos los discos que un buen blog ofrece, pero los servidores no dan para tanto, además aunque se pudiese descargar todo, ¿cuándo se tendría tiempo suficiente para escucharlo?... y estamos hablando de UN solo blog, cuando la red ofrece miles –tal vez millones- de opciones alrededor del mundo. Lejos están aquellos días en que un disco nuevo era escuchado una y otra vez durante varias semanas, cuando poder comprar cuatro o cinco discos al mes era algo de lo más maravilloso que podíamos hacer; ahora, los blogs se actualizan constantemente -muchos de ellos diariamente- y ofrecen tanta música que decidir lo que se quiere escuchar resulta sumamente difícil. La música en internet, es también un continuum, del cual hay que seleccionar, conservar y suprimir. Cada que un melómano accede a un blog de descargas de música, debe sentirse tan tullido como Funes el memorioso.


*Borges, Jorge Luis, "Funes el memorioso", Ficciones, Madrid, Alianza, 1975, p 135
**La filtración del nuevo disco de Depeche Mode, semanas antes de su lanzamiento y a la cúal tenía acceso cualquiera que realizara en google la búsqueda "dm nuevo disco descargar" es una clara muestra de ésto


Finalmente, ofrezco al lector un pequeña lista de blogs que ofrecen excelente música. No son todos a los que debo mucha de la música que tengo, pero sí son de los mejores y los que con más frecuencia visito.


Pézimo, blog ecléctico, se actualiza diariamente y cuenta con varios servidores

Oufar Kahn. Blog con una enorme oferta de funk

Segio Sónico, desde Brazil, ofrece varias propuestas jazzísticas, algunas conocidas, otras no tanto.

Más jazz, desde el lado soleado de la avenida

Música gitana. Si te gusta la música de los filmes de Kusturica, aquí comprobarás que la No Smoking Orchestra es sólo un pequeño ejemplo de toda la música de los balcanes

Bistró Sonoro, acid jazz, funk, y lounge

Y por supuesto, la comunidad Taringa, que ofrece música, libros, películas, software y más


Actualización, el sitio de Pezimo en blogger ha sido eliminado y se ha mudado a wordpress. El link ha sido corregido-


rateros




jueves, 16 de abril de 2009

Viviendo Entre los Tules... La Muerte

A la memoria de Gudelita (1900-2009)


Vivo en uno de los municipios aledaños a la Ciudad de México. La mayoría de estos municipios, cuyos nombres oficiales se forman por el nombre que población recibía en la época prehispánica (en algunos casos añadiendo el apellido de algún personaje relevante en la historia de México, v.gr. Cuautitlán de Romero Rubio, Ecatepec de Morelos), eran pequeñas poblaciones semirurales. Por su ubicación cercana al Distrito Federal, fueron elegidos para establecer grandes zonas industriales y comerciales (fábricas, bodegas, centrales de abasto); estos poblados poco a poco fueron urbanizándose hasta que se fundieron con el DF y se convirtieron en lo que hoy se denomina Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

El lugar donde vivo es la cabecera municipal de uno de estos municipios. Alrededor de ésta hay zonas industriales, fraccionamientos habitacionales y algunos centros comerciales. Sin embargo a pesar de la urbanización, mi "pueblo" -como suelo llamar al lugar-, en el fondo conserva muchas costumbres, actitudes y creencias rurales. Así, cada barrio celebra su Fiesta anual (cada uno en su pequeña capilla); es común encontrar vacas cruzando las calles o borregos pastando en algunos terrenos y con suerte uno puede encontrar a algún nostálgico del México que mostraban la películas de Chente que pasea a caballo, dejando abono sobre las duras y estériles calles de concreto.

Entre las reminiscencias rurales de mi pueblo se encuentra la experiencia de la Muerte. En mi caso, estos dos últimos años he vivido de cerca esta experiencia, pues he perdido a varios familiares cercanos: primero el esposo de una prima; una semana después falleció la hermana mayor de mi padre, a los seis meses su esposo también murió y hace apenas unos días falleció mi bisabuela a los 108 años de edad. Vivir la muerte en mi pueblo es totalmente diferente a vivir la muerte en alguna zona urbana. En primer lugar, el duelo es de nueve días; en cada uno, los familiares y amigos se reunen para rezar un "rosario" por el alma del fallecido. Es costumbre también, que después de celebrar una misa con el cuerpo del difunto presente, éste se lleve en hombros hasta el panteón, el uso de carrozas fúnebres es poco común, pues se considera un deber de aquellos más cercanos al fallecido llevarlo cargando hasta donde será enterrado.

Sin embargo, lo que más define este forma de vivir la muerte, es que después de sepultar el cuerpo, se convida a comer a quienes asistieron al panteón. Esta invitación se repite a los nueve días del fallecimiento, cuando se vuelve a celebrar una misa por el alma del difunto y una vez más al cumplirse un mes y al año de la muerte. Lo que más llama la atención de esta costumbre es su cercanía -aunque con ciertas restricciones- con los banquetes en la experiencia de la Fiesta; las restricciones son la ausencia de bebidas alcohólicas, el tabú de comer carne, y que generalmente después de comer los invitados regresan a sus actividades cotidianas. Es de verse como al día siguiente del deceso, la familia extensa del fallecido, deja los lamentos por la muerte para organizar la comida que servirá en honor del difunto. Se compran los ingredientes para preparar los alimentos, las bebidas, se rentan sillas y mesas y se busca un lugar para recibir a los convidados, que suelen sobrepasar el centenar de personas (cuando fallecieron la hermana de mi padre y su esposo, asistieron más de 150 y 250 personas respectivamente).

Cuando todo está listo, la familia se apresura para llegar a la iglesia y luego al panteón. En cuanto termina el sepelio, y después del llanto, los quejidos, los lamentos y las súplicas, la familia debe apresurarse en regresar para llegar antes que los convidados. Cuando llegan éstos, la familia extensa -incluyendo a la familia nuclear del fallecido- se dedica a atender a los asistentes; todos deben dejar a un lado su dolor para servir de comer a los amigos y conocidos del difunto, pues no es costumbre contratar servicio de meseros. Hasta que el último convidado ha comido y se ha retirado, la familia puede sentarse a la mesa. Para ese entonces, el familia ya ha olvidado -aunque sea momentáneamente- el duelo, se puede escuchar una risa aislada o una broma en voz baja; esto de ninguna manera significa que los ritos han terminado. Al día siguiente, debe prepararse todo para recibir de nuevo a la gente que acompañará a la familia a rezar los siguientes ocho días, ocho rosarios por el alma del fallecido. Al igual que durante el sepelio, al finalizar se ofrecerán alimentos a los asistentes, generalemente té, café o atole, acompañado con pan dulce, bolillos o tamales. Al finalizar el último rosario, se lleva a cabo lo que se denomina como "Levantamiento de la Cruz" terminando así los ritos que acompañan el duelo.

Lo más sobresaliente de esta costumbre de ofrecer alimentos (que es común en otros estados de la República) es el simbolismo que conlleva: la alimentación como gesto vital por excelencia que se opone a la muerte. Es claro que los pobladores del lugar no son conscientes de ello, pero el acto de ofrecer comida es un gesto que señala que a pesar de la reciente visita de la Muerte, la vida debe seguir; los mismo dolientes deben mostrarlo al preparar con sus propias manos el alimentos que ellos mismos servirán, se come para sobrevivir, para celebrar la vida, para luchar contra la nada. Así, los asistentes tienen toda la confianza (y derecho) de pedir más alimentos si así lo desean y de pedir comida para llevar (el famoso itacate) para familiares que no hayan podido asisitir y la familia del fallecido no puede ni debe ofenderse ante estas peticiones.

En mi caso, a pesar de mi ateísmo, siempre me he sentido con la obligación y gusto de participar en estos ritos, pues son costumbres muy arraigadas dentro de mi familia. A fin de cuentas e independientemente de las creencias religiososas, este rito de preparar y servir alimentos a los otros, ayuda a sobrellevar el duelo ante la pérdida de los seres amados. Y esta es una de las cosas por las cuáles siento arraigo hacia el lugar donde vivo.









Todos los presentes salieron tras del atúd, excepto la comadrita "Trenidá" que, hecha una maraña insignificante, estaba sentada frente al fogón; al alcance de su mano una olla de frijoles de los que la mujer comía a puñados. Cuando el cura la soprendió en tan inaudita tarea, puso el grito en el cielo:
-¡Ave María Purísima! Cualquiera diría, hija, que te ha importado muy poco la muerte de tu marido... ¿Cómo es posible que tengas hambre en estas circunstancias? ¡Es el tuyo, mujer, pecado de gula!
La comadrita "Trenidá" se limpió con el dorso de su mano la boca, acabó de remoler lo que traía entre lengua y paladar y dijo:
-Anoche desaigraron mis frijoles por beberse el pulque... Naiden los probo siquiera.
Luego, con los ojos llenos de lágrimas, continuó:
-Mi marido, con la ayuda de sus santos responsos, ya está gozando de Dios... Él se llevó mi corazón hasta el jollo, naiden podrá ocupar su lugarcito... Pero no por eso debo dejar que se aceden los frijoles.


Del cuento "Los Diez Responsos" de Francisco Rojas González.

viernes, 13 de marzo de 2009

Del Absinth como elemento detonante de la creación del objeto estético





[…] la fuente de inspiración de las mas(sic) grandes personalidades de la loca(recontra-sic) Bohemia […]

-absinth.com.mx


La primera vez que escuche hablar del Absinth (o absenta) fue de boca del B en mi cumpleaños hace dos ídem, sólo un par de meses antes de que lo probasemos en casa del mismo B y An. Hasta ese momento, y pese a mi formación "letrosa", ignoraba totalmente la existencia de esta bebida de hasta 89,9° de alcohol (el que probamos era, si no recuerdo mal, de 71°) a la que le entraban con harto gusto Wilde, Van Gogh, Rimbaud, Tolouse- Lautrec, Baudelaire y Verlaine, entre otros personajes de la "bohemia" y la "intelectualidad".


Aquel día (mi cumpleaños), estaban además del B y An, Ka y Ba; los cuatro nos contaron a Nas y a mí que ya lo habían probado y nos hablaron sobre la famosa preparación del "Hada Verde", así como de los tantos mitos que giran alrededor de esta bebida checa: que si provoca alucinaciones; que si su consumo fue la causa de que Van Gogh se cortara la oreja; que si fue la musa que inspiró la obra de los artistas ya señalados; que si las tujonas que contiene pueden causar desde convulsiones hasta la muerte… Tanto fue lo que hablamos que quedamos de acuerdo en comprar una botella para probarla.


Poco después, An llamó a Nas y le planteó que nos viéramos antes de fin de año, juntarnos los seis (invitando también a Gab y J) para preparar una pequeña cena entre "cuates" y rematar tomando absinth, lo cuál nos pareció una excelente idea. Debido a que nuestras respectivas casas no se encuentran cerca una de la otra, acordamos depositar en la cuenta del B nuestra cooperación para los gastos que la cena implicaría. En un principio Nas y pensamos que la idea sería comprar lo necesario para la comida, UNA botella de absinth, y tal vez unas cervezas, sin embargo, estábamos equivocados.


Llegó el día de la cena, llegamos a casa de An y el B y cuál fue nuestra sorpresa al ver no una, sino TRES botellas de absinth esperándonos. Nas y yo comentamos, -tal vez no es mucho, de hecho, son tres botellas y somos ocho personas-. Gran error, unos minutos después, llamó J para decir que no llegarían ni él, ni Gab, de modo que nos tocaria aproximadamente media botella por persona; aún así volvimos a comentar, -"tal vez sólo nos acabamos una, no vamos a aguantar tanto"; en eso, la cena estuvo lista y nos sentamos a la mesa. Después de cenar, el B impaciente destapó la primera botella y preparó la primera "hada" para Nas; sirvió el licor en un vaso, con un poco de agua, acomodó un terrón de azúcar sobre una cuchara colocada transversalmente sobre los bordes de aquél, vertió un poco de ajenjo sobre el terrón y le prendió fuego; lentamente el azúcar fue derritiéndose y cayendo directamente en la bebida, hasta que finalmente el terrón desapareció de la cuchara. La siguiente "hada" fue para mi, después el B preparó la de Ka, An y la propia; como siempre, el B "sugirió" tomarla de un solo trago, pero ni Nas ni yo accedimos, dimos un sorbo a nuestra respectiva "hada" y comentamos que tenía un sabor anisado, con un ligero gusto a hierbas. La noche continuó, junto con la plática, la música y las hadas verdes.


Poco a poco, desapareció el agua de nuestras copas y aparecieron "caballitos" (no entiendo para que usar el anglicismo shots) junto a las hadas. Terminamos la primera botella y aún no veíamos noches estrelladas, ni nos venían a la cabeza poemas saturnianos. Se terminó la segunda botella y las hadas desaparecieron, dejando su lugar a los equinos "flameados", aparecieron además cervezas y mezcal en su humilde garrafa de plástico; de visiones impresionistas o inspiraciones simbolistas... nada. Para la tercera botella, la cerveza se habían terminado y los caballos de mezcal nos servían para quitarnos el gusto de los caballitos de absinth; para entonces sentíamos una extraña euforia, sin embargo nada de alucinaciones, o de "imaginación desbordada". Al final sólo quedó un "chorrito" de licor en la botella que bebieron unas semanas después Gab y J. El saldo final: 2 botellas y 6/8 de absinth, una cartón de cervezas, garrafa y media de mezcal y media botella de vino tinto.


Al día siguiente, gracias a las bondadosas propiedades del ajenjo como tónico gástrico no sentimos ningún malestar o resaca. Teníamos recuerdos de la noche anterior, pero como si no los hubiesemos vivido nosotros; yo me sentía como si sólo hubiese sido testigo de la borrachera de otras personas. Concluí que una de las grandes virtudes del consumo de absinth era que provocaba un estado de ebriedad bastante –si se me permite el oxímoron- lúcido; sin embargo, hace poco me comentó Ry que él logró el mismo efecto con güisqui barato, por lo cual me pensé que tal vez nos habría convenido comprar ese güisqui y ahorrarnos lo gastado en las tres botellas de ajenjo… No, la verdad es que si bien el absinth no me fascinó, si me dejó con la tentación de comprar otra botella, cosa que hice apenas ayer. La tengo guardada para alguna ocasión especial, o para cuando el antojo me gane.


Ahora, ¿qué tiene que ver el título de este post con el texto aquí publicado? pues nada, así como nada tiene que ver el consumo absinth con ser "artista", con que Rimbaud escribiese Una temporada en el infierno o con que Van Gogh pintase Los girasoles. El consumo del absinth es muchas veces acompañado de actitudes snob y kitsch (entendiendo kitsch desde la perspectiva que plantea Umberto Eco) que nada tienen que ver con disfrutar una bebida como otras tantas. A fin de cuentas se puede gastar lo mismo o más en una botella de brandy, güisqui o cognac; o bien puedes invertir lo mínimo en una garrafita de plástico llena de Tonaya; lo que importa al final es la compañía y la buena charla.


Aquí información objetiva y veraz sobre el absinth

martes, 17 de febrero de 2009

LOS GOLIARDOS, amantes de la bebida, de la mujer y fieros críticos de su época.

In taberna quando sumus,
non curamus quid sit humus,
sed ad ludum properamus,
cui semper insudamus.
Quid agatur in taberna
ubi nummus est pincerna,
hoc est opus ut queratur,
si quid loquar, audiatur.

Cuando estamos en la taberna,
no nos interesa donde sentarnos,
sino el apresurarnos al juego
que siempre nos hace sudar.
Lo que sucede en la taberna
es que el dinero se gasta;
más vale que preguntes antes,
si yo te lo digo, entonces escucha.

In taberna quando sumus, Carmina Burana (S XIII)


Usualmente concebimos la Edad Media como un período de oscuridad, ignorancia y represión al individuo, en parte así fue, sin embargo existieron en dicha época seres humanos, inconformes, letrados y férreos críticos de su realidad, su nombre Los Goliardos.

Los Goliardos eran jóvenes clérigos –recordando que en la Edad Media “clérigo”, más que sacerdote significaba “letrado”- que inconformes con el desastre social de la Iglesia y de la sociedad medieval, se entregaban al buen vivir, hacían sátira de los vicios de los religiosos, le cantaban al amor y por supuesto al vino. Aún así, su condición de clérigos los insertaba en lo más alto de la escala social.

Se dedicaban por años al estudios, pero no por aspiraciones de bienestar, sino por el simple hecho de “saber”, vivían de un modo errático, sin trabajo, sin dinero y con una marcada tendencia a los placeres de la cama, del buen comer y buen beber (idea que choca abruptamente con las concepciones clásicas de la era Medieval, que se tiene por era de recato y recogimiento)., arremetían contra la Iglesia desde dentro de ella, por medio de lo que mejor dominaban: la literatura, usaban sobre todo la sátira e imitaban en sus obras a los clásicos como Ovidio, Horacio, Juvenal y Marcial

Nummus venales favet ordo pontificalis Nummus,
ut est certum, stultum docet esse disertum
Vid cantatem Nummum, misma celebrantem

La venal cura pontificia se interesa por el dinero
Esta probado que el dinero hace erudito al estúpido
He visto al Dinero cantar y celebrar misa

En segundo lugar le cantan al amor, no tanto por escandalizar, sino por hacer una apología del Amor Cortés, (aunque a su manera pues mientras, para el caballero la dama era inalcanzable y de un orden social superior, para las goliardos en tanto que clérigos, la dama es joven y accesible) y en una sociedad en que el amor era a veces sinónimo de lujuria, el goliardo proclama su amor a la doncella, al amor por el amor. Y a pesar de buscar también la satisfacción carnal, ésta es sublimada por la veneración de la mujer como una diosa sensual.

Es cosa dificilísima vencer la naturaleza
Y mantener pura la mente al ver una doncella
Los jóvenes no podemos seguir la dura ley de no ocuparnos del cuerpos tan bellos
¿Quién, puesto en el fuego no se quemará?

El tercer tópico que tocaban los goliardos era el vino, es el aspecto más conocido de estos hombres, aunque a veces el mas exagerado. Si bien eran amantes de la bebida –hay que recordar que el vino tenía en la época un grado alcohólico muy bajo- lo celebraban porque –como el dios Baco- iguala a los hombres, los libera del dolor y les restituye su dignidad, hace correr al cojo, ver al ciego, sanar al enfermo y hablar al mudo.

Bibit hera, bibit herus,
bibit miles, bibit clerus,
bibit ille, bibit illa,
bibit servus cum ancilla,
bibit velox, bibit piger,
bibit albus, bibit niger,
bibit constans, bibit vagus,
bibit rudis, bibit magus.

La señora bebe, el señor bebe,
el soldado bebe, el clérigo bebe,
el hombre bebe, la mujer bebe,
el esclavo bebe, la esclava bebe,
el hombre activo bebe, el indolente bebe,
el hombre blanco bebe, el negro bebe,
el perseverante bebe, el vago bebe,
el ignorante bebe, el sabio bebe.

Es decir, a diferencia de otros bienes, como el vestido, los caballos, las tierras, los siervos, etcétera, el vino está al alcance de todos los hombres, no esta velado para nadie. Tiene propiedades homgeneizantes

De los monjes la devota grey
Toda clase social, el mundo todo
Bebe con tragos iguales
Ahora y siempre

Sirva este micro texto de invitación a relajarse, comprar una botella de vino, mezcal, cerveza o su bebida alcohólica favorita, descorcharla y disfrutarla con una buena compañía, buen música, y charlando sabrosamente.

Non a falso potest verum

Separare, ni qui merum

Me potare nititur

(quien no me bebe puro no puede diferenciar lo verdadero de lo falso)

¡SALUD!

He aquí mi particular versión de In taberna quando sumus.

(Aclarando antes que el “Tercio” (o "Tercer Mundo) es una cantina clandestina que solíamos visitar cerca de la FES-ACATLAN, “Los remedios” una zona de bares “fresas” cerca del CCH Naucalpan y “Doña Reina” la dueña del “Tercio”)

Goliardo al Tercio


En el Tercio cuando estamos,
a las Letras olvidamos;
y a los dioses igualamos
si con lúpulo brindamos.

Al pasar vos el umbral
pisareis un lugar santo
y os dareis cuenta que tanto
se desprecia ahí al mal

Con caguamas en la mano,
noble tórnase el villano
y se olvida el odio vano,
troca némesis a hermano.

Despreciamos a la muerte
¡Oh Victoria! cuando al verte
¡Oh Corona!, si al beberte
vida déjase a la suerte.

Doña Reina, gran Matrona,
del dipsómano patrona
de cerveza, litros dona
espumosa, fría y bona.

Ahí bebe filosofía,
Ahí bebe sociología,
Y sin conocer porfía,
bebe bien la policía.

Quien el Tercio no conoce
y buscando falsa pose,
Los Remedios pisar ose,
bien de Baco nunca goce.

y si brindando vos quereis
que os hable con cortesía,
Vuestras Mercedes -os diría-
podeis comprar con dieciséis,

monedas el paraíso,
pues si fue expulsado Adán,
buen Dios noble y muy galán
con alcohol tornarnos quiso.

La retórica adornada
dejaremos y afirmamos
sin cerveza no hay humanos,
Dios o diablo, no hay nada.

En el Tercio cuando estamos,
a las Letras olvidamos;
y a los dioses igualamos
si con lúpulo brindamos

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